El subtítulo de este artículo no es del todo objetivamente cierto, los médicos si tenemos medicinas, lo que pasa es que algunos medicamentos no se encuentran en las farmacias y nos sucede como cuando falta un latido del corazón, nos damos cuenta y nos asusta y, por supuesto, nos ponemos en guardia y nos hacemos más sensibles a los latidos y su ritmo. La falta de un medicamento es muy angustiosa para el paciente, a veces los médicos minimizamos el asunto cambiando por otro de distinta marca e igual contenido químico, pero, y ese es el mayor problema, no siempre hay otro fármaco igual o parecido en el mercado.
Hay pacientes, sobretodo aquellos que padecen enfermedades crónicas o recidivantes, que deben tomar determinados medicamentos por muy largos períodos o para siempre. En nuestro caso concreto de la psiquiatría, eso es frecuente. Veamos, hay consenso mundial que luego del tercer episodio de depresión mayor, debe mantenerse la medicación antidepresiva pues esta actúa de preventivo de nuevos episodios; los pacientes psicóticos es frecuente que consuman medicación antipsicótica por muy largos períodos; los antipsicóticos, aun los llamados atípicos, suelen producir efectos secundarios indeseables que se controlan eficazmente con otros fármacos. Tres ejemplos que justifican el uso permanente de medicación.
Últimamente, según informan algunos de mis pacientes o sus familiares, han faltado en las farmacias algunos fármacos como los antidepresivos paroxetina (Paxil®), imipramina de 25 mg (Tofranil®), la clomipramina (Anafranil®) y la amitriptilina (Tryptanol®), el antiparkinsoniano biperidén (Akinetón®) y los antipsicóticos tioridazina (Meleril®) y haloperidol en tabletas y de depósito (Haldol®), que no tienen genéricos ni copia alguna en el mercado. Al momento de escribir estas líneas ya han regresado a los anaqueles de las farmacias algunos de los mencionados, pero no en todas las presentaciones usuales. Mis pacientes que consumen esos fármacos ausentes fueron cambiados por mi a otros de similar acción, excepto en el caso del biperidén que no tiene sustitutos confiables, o en el caso del haloperidol cuyos posibles substitutos tienen precios comparativamente muy altos y su perfil de acción clínica es diferente o, en otros casos, no son formulaciones inyectables de larga duración.
Imagino que en otras ramas de la medicina estarán pasando situaciones parecidas. Los laboratorios carecen de reactivos confiables, los químicos, radioactivos o no, necesarios para ciertas pruebas especiales, tampoco se encuentran. No los mencionaremos hoy, ya que no es nuestra intención listar los fallos. La intención clara y descarnada de este artículo es exponer lo que considero una falta grave contra la sociedad por parte de algunas empresas de la industria farmacéutica y otras de la industria biomédica en general y decir que, al menos yo, no lo puedo aceptar. Ni siquiera podemos aceptar fallos de suministro de medicamentos esenciales y únicos por periodos tan cortos como «apenas un mes», como me comentó un representante de un laboratorio farmacéutico. Un mes de desesperación, de recaída, de sufrimiento, ¿Cómo va a ser aceptable eso?.
Simplemente no puede ser, no es aceptable.
Hace algunos años, ante una coyuntura semejante entre la política, la economía, el gobierno y la indefensa sociedad, se creó un mecanismo maligno de control de divisas, el infame RECADI, que arropó muchas empresas y personas con un manto de aparente impotencia y antes de arriesgar un bolívar o un dólar prefirieron no traer las medicinas tan útiles y necesarias para nuestros pacientes. Ello trajo como consecuencia que pacientes, por ejemplo, con trastornos severos de tipo obsesivo compulsivo, que dependían del único medicamento a la venta en las farmacias venezolanas que en ese momento servía como tratamiento, la clomipramina (Anafranil®), en aquel entonces de la casa farmacéutica Geigy, se quedaron sin tratamiento eficaz alguno y tuvimos que prescribir otras medicinas de menor efecto antiobsesivo o simplemente tranquilizantes, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de esos pacientes. Recuerdo un paciente joven de 16 años con un severo trastorno obsesivo compulsivo, muy bien controlado con clomipramina, que no tenían sus familiares tanto dinero como para viajar y comprarlo fuera del país o encargarlo, tuvieron que regresar a su lugar de origen, Vigo, España, para así poder continuar con el tratamiento del hijo que en un mes sin clomipramina se había deteriorado enormemente. Por cierto, actualmente está bien y bien controlado desde entonces con clomipramina. Mi reacción ante esa barbaridad de no suplir ese medicamento al mercado por una razón tan temporal e inhumana como la falta de dólares oficiales, fue la de no recibir más en mi consultorio los representantes farmacéuticos de ese medicamento y ese laboratorio.
Hoy muchos años después, ante la situación planteada por CADIVI y la incapacidad de sentir conmiseración con la desgracia del enfermo que es, al fin y al cabo, para quien producen los medicamentos los laboratorios farmacéuticos, he adoptado la misma actitud: no recibiré más en mi consultorio los representantes farmacéuticos de Paxil®, Haldol®, Meleril®, Akinetón®, procuraré prescribirlos lo menos posible y sólo, como siempre, en el mejor interés de mi paciente y es probable que cuando lo haga les indique a pacientes y familiares las bondades y alta calidad del producto prescrito y la baja confiabilidad social de la casa fabricante.
domingo, agosto 24, 2003
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